lunes, 29 de diciembre de 2008

Garzón en Diario Jaén


¿Es Garzón un juez ejemplar?
(OPINIÓN/CARTAS DE LOS LECTORES)
... de Torres; se enorgullece de la formación que recibió en el Seminario de Baeza donde adquirió el hábito del estudio, el camino del esfuerzo y del compromiso así como el rigor y la claridad necesarios para .

¿Es Garzón un juez ejemplar?


Desde Jaén. Entre las personas contra las que sistemáticamente Jiménez Losantos proyecta sus odios bíblicos y vilipendia con insultos y argumentos poco creíbles, se encuentra el juez magistrado de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón. Según el ideólogo de la COPE, se trata de un juez “oportunista”, “chuleta”, “analfabeto”. Nada más injusto que estos juicios de valor de quien ha hecho de la mentira profesión y segunda naturaleza del insulto. Baltasar Garzón, por el contrario, es un valor sólido de la democracia española, un baluarte en la defensa de los derechos humanos en aquellos lugares del mundo que más los necesitan y hombre de cultura, principios éticos y aguda reflexión intelectual. Como magistrado, Garzón se ha comprometido en la persecución de tiranías y dictadores. Poner luz en el oscurantismo de quienes, como Pinochet, criminalmente pisaron derechos con bota militar, torturaron y ordenaron la muerte de tantos ciudadanos es hacer justicia pero también universalizar un aviso a navegantes de que ni en el presente ni en el futuro habrá impunidad para quien utilice el poder para masacrar a sus semejantes e imponer arbitrariamente leyes que van contra la voluntad popular y benefician a minorías sin escrúpulos. Ha velado, asimismo, porque prácticas antidemocráticas no se apliquen en países democráticos. Tiene presente siempre un mismo referente que le impactó: cuando para liberar al presidente italiano Aldo Moro, secuestrado y luego asesinado por las Brigadas Rojas, pidieron al general Dalla Chiesa que autorizara la tortura de un brigadista detenido para así averiguar el paradero de Moro, se negó argumentando: “Italia se puede permitir el lujo de perder al presidente Moro pero no el de recurrir a la práctica de la tortura...” Con criterios y procedimientos democráticos, Garzón es el juez que más etarras ha detenido y que ha coordinado más procesos contra las mafias del narcotráfico. Como hombre de principios reconoce que la justicia aislada de la realidad, descontextualizada, hecha desde cualquier torre de marfil, no tiene vigencia. La justicia democrática, como el Estado moderno, es fruto del pacto social, el acuerdo político y el consenso institucional; emana de la comunidad que adquiere la condición de pueblo con la constitución. La justicia, la principal de las virtudes públicas, tiene raíces sociales, políticas y morales que no pueden obviarse. Y los principios no se adquieren sólo en el estudio de las leyes: se ofrecen y consolidan en la experiencia práctica de la ciudadanía. Garzón no ha olvidado sus orígenes difíciles en la segunda posguerra española en el seno de una familia de clase media del medio rural de Torres; se enorgullece de la formación que recibió en el Seminario de Baeza donde adquirió el hábito del estudio, el camino del esfuerzo y del compromiso así como el rigor y la claridad necesarios para distinguir con prontitud entre el bien y el mal; se muestra satisfecho con las redes de familia y amistad en que libremente se mueve… Ese contexto le da seguridad, firmeza, aplomo, valentía, prudencia para cumplir ética, profesionalmente, con un quehacer que es difícil y que cuenta con el encono de quienes como Alcaraz o Losantos quieren manipular la justicia y la realidad a su antojo.
Como intelectual tiene una trilogía de libros que definen un estilo literario al servicio de la moralización de jóvenes y de la difusión de los derechos humanos —“Cuento de Navidad”, “Un mundo sin miedo”, “¿Y si mi hijo se droga?”—; sus clases en universidades españolas y norteamericanas sobre derecho penal tienen caché; y no se niega a impartir una charla-coloquio en el instituto Auringis de Jaén y posicionarse sobre la necesidad de que el alumnado adquiera competencias sociales y democráticas a través de la asignatura “Educación para la ciudadanía”; su contrariedad ante las interpretaciones sesgadas de sentencias judiciales que hacen determinados medios de comunicación; su oposición a que se rebaje la edad penal; su identificación con la política que el Gobierno lleva a cabo con los inmigrantes; o su advertencia de que, a pesar de que ETA y su entorno están cada vez más debilitados, no es fácil predecir cuándo y cómo se producirá el fin del terrorismo en España.
gabriel ureña

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